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Cuando el cuerpo habla y la ciencia responde: el dolor crónico a través de la historia

Actualizado: 20 may 2025

Por Carolina Hulett – Respirar. Moverse. Florecer.


Durante mucho tiempo, el dolor fue una experiencia silenciada. Se vivía en carne propia, pero sin nombre, sin explicación, sin validación. Las mujeres —sobre todo ellas— cargaban con síntomas que no se veían, que no sangraban, pero que dolían. En el cuerpo. En el alma. En la vida.


Hoy, gracias a los avances en neurociencia, medicina y enfoques compasivos del cuidado, sabemos que el dolor es más que un síntoma: es una historia. Un lenguaje. Una manera en que el cuerpo —y a veces la vida— nos pide ser escuchadas.



Una historia que no siempre fue creída



La historia de la fibromialgia es también la historia de muchas personas que han sido incomprendidas. Desde finales del siglo XIX, se hablaba de “reumatismo muscular” para nombrar ese dolor difuso, constante y sin causa aparente. Más tarde, se usó el término fibrositis. Pero no fue sino hasta 1976 cuando se propuso el nombre fibromialgia —una palabra que combina “fibro” (tejido), “mio” (músculo) y “algia” (dolor).


Durante décadas, quienes vivían con esta condición eran vistas con escepticismo. Escuchaban frases como: “todo está en tu cabeza”, “no tienes nada”, “es solo estrés”. Y aunque no tenían fracturas visibles ni inflamaciones obvias, el dolor era real. Muy real.



La ciencia comienza a escuchar



Hoy sabemos que la fibromialgia no es una invención ni una exageración. Es una alteración real en la forma en que el sistema nervioso procesa las señales de dolor. A esto se le llama dolor nociplástico, una categoría validada por la Asociación Internacional para el Estudio del Dolor (IASP) en 2017.


Uno de los estudios más citados, liderado por Clauw DJ (2014), publicado en JAMA, explica que el dolor en la fibromialgia es resultado de una sensibilización central: un aumento de la excitabilidad neuronal en las vías del dolor. No se trata de debilidad. Se trata de un sistema nervioso que ha aprendido a sobrevivir con el dolor como mecanismo de defensa.


Otro estudio, publicado en Nature Reviews Rheumatology (2016), confirma que las personas con fibromialgia tienen una actividad cerebral alterada en las regiones relacionadas con la percepción del dolor, incluso cuando los estímulos físicos no son dañinos. La ciencia ya no duda: el dolor crónico tiene una base neurobiológica clara.



Un dolor con múltiples rostros



El dolor crónico no es solo físico. Se cuela en los días, en la rutina, en las relaciones. Cambia la forma en que una persona se ve a sí misma. Genera frustración, culpa, cansancio emocional. Y sin embargo, muchas personas que lo viven lo hacen en silencio, adaptando su vida para no incomodar a los demás.


Pero el cuerpo habla. A veces susurra con agotamiento. A veces grita con rigidez, con niebla mental, con ansiedad. Por eso, la pregunta no es si el dolor existe. La pregunta es: ¿estamos dispuestas a escucharlo con respeto, ciencia y compasión?



No todo está en tu cabeza. Pero lo que está en tu sistema nervioso importa.



La buena noticia es que no estás sola. El dolor no define tu identidad. Hoy existen caminos de acompañamiento basados en evidencia y humanidad: prácticas como la respiración consciente, el yoga aplicado al dolor crónico, el mindfulness compasivo y la educación sobre el dolor están transformando la forma en que habitamos nuestros cuerpos.


Este espacio nació para eso: para honrar el cuerpo que habla, y para responderle con ternura y conocimiento.



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Referencias


  • Clauw DJ. Fibromyalgia: A Clinical Review. JAMA. 2014;311(15):1547–1555. doi:10.1001/jama.2014.3266

  • Häuser W, Fitzcharles MA. Facts and myths pertaining to fibromyalgia. Nature Reviews Rheumatology. 2016;12:670–677. doi:10.1038/nrrheum.2016.149

 
 
 

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